De vuelta y a vueltas con “Les Misérables”

Después de pasadas las fechas “señaladas” y habiendo usado una buena parte de ellas en ponerme al día de novedades y otras cosas volvemos al lío…y lo hacemos analizando con más profundidad la adaptación del musical de Schonberg y Boublil a la gran pantalla.

Como consideración general solo puedo decir que el resultado es absolutamente notable, con algunos grandes aciertos en la adaptación y los cambios de estructura que eso conlleva y  solventando los riesgos con mucha eficacia. Es una película que respeta de principio a fín a su “madre” teatral y no desmerece de ella en absoluto…eso no significa que todo sea perfecto, pero esa es la discusión eterna cuando se habla de musicales que saltan de las tablas al cine.

La primera consideración es evidentemente la musical, y aquí es de reconocer que a los aficionados y seguidores del espectáculo teatral nos ha chocado el que se pierda cierta “tensión” sobre el espectáculo original; la explicación es que se ha querido hacer un casting que reparta lo dramático y lo musical de alguna forma…se ha conseguido y bastante bien…y desde ese punto de vista el casting es absolutamente correcto en lineas generales, aunque en algunos casos resulte desigual. Hugh Jackman esta absolutamente soberbio, sin ningún paliativo posible, y su interpretación de Valjean es sobrecogedora ( Jackman es una elección muy consecuente con el espíritu de la adaptación pero su perfil musical es mucho más elevado porque proviene del teatro musical y eso se debe notar). Anne Hathaway hace una interpretación de Fantine realmente única, y sus carencias musicales se vuelven irrelevantes ante semejante derroche de talento y de interpretación…y es posiblemente la gran joya de esta película. Hay algunas decisiones en el casting que no solo son acertadas sino que son de justicia…que el gran Colm Wilkinson se enfunde la toga del Obispo es un homenaje merecidísimo a quien “inventó” el Valjean musical y le dio forma en los escenarios por primera vez en 1985; y que Samantha Barks se vuelva a poner en la piel de Eponine, a la que interpretó en los escenarios e incluso en el gran concierto del 25 aniversario de la obra es otro puente con el teatro que viendo el resultado se hace imprescindible. Sobre otros interpretes como Helena Bonham-Carter o Sacha Baron Cohen todo va en gustos, aunque a mi no me desmerecen el resultado final. Mi única salvedad es Russel Crowe que, haciendo un trabajo encomiable, me resulta completamente fuera de sitio en todo momento tanto en lo musical como en su hieratismo continuo en la interpretación…pero es mi impresión.

Respecto de lo que se ciñe estrictamente a la obra musical y su adaptación se ha optado por sacrificar en algunos momentos la “épica” musical que la partitura tiene y darle un toque algo más intimo, o incluso en muchos casos haciendo desaparecer la orquesta en un segundo plano y cargando la atención estrictamente en la voz…y eso no es ni bueno ni malo, es distinto…quienes quisieran asistir a una adaptación más ceñida al original lo habrán encontrado decepcionante y quienes vean con buenos ojos la dirección de dramatizar antes que cantar lo habran encontrado adecuado; yo tengo algo de las dos partes y creo que la idea no es mala por mucho que me hubiera gustado en algún momento concreto cierta fidelidad al original…pero repito que el resultado es muy satisfactorio. Hay otras decisiones de alterar el orden de algunos números que son absolutamente acertados para la estructura de la película y que tienen todo el sentido. Y como era de esperar el Prólogo y la Overtura con los presos es absolutamente espectacular y posiblemente la mejor escena de todas.

Ente las cosas que me resultan de alguna forma incomprensibles si hay una por encima del resto…el primer plano en el cine debe ser un recurso puntual, y en esta película es un “modus vivendi”, lo que no solo me parece absurdo sino inexplicable e innecesario…una decisión personal de Tom Hooper, al igual que el grabar voz en directo en los temas musicales ( de ahí esa especie de disensión entre música y voz en muchos casos) que son las dos únicas decisiones que a mi particularmente me parecen poco acertadas en una obra que en conjunto me parece que merece un lugar destacado entre las adaptaciones de un musical al cine…pero no el primero ni el segundo…sigo creyendo que el paradigma de como debe hacerse lo tiene Joel Schumacher en “The Phantom of the Opera”. En todo caso imprescindible.

Que viene…que viene…

Si la música cinematográfica me apasiona…el teatro musical ya es que me rinde…y cuando hay la oportunidad de hablar de ambas cosas en una me apetece especialmente. Falta un mes para que se produzca uno de los estrenos cinematográficos más esperados y más interesantes del año, como no es otro que la adaptación ( bastante suntuosa y épica al parecer) del musical más famoso ya de todos los tiempos…y aprovecharé para hacer un poco de su historia porque hasta ahora no he encontrado artículos que la reflejen con fidelidad…así que yo lo voy a intentar.

“Les Miserables” se estrenó en París en el año 1981 como un espectáculo singular en el Arena y con nombres tan interesantes como Salvatore Adamo entre sus figuras. Sus autores, Claude Michel Schonberg y Alain Boublil, habían construido la historia sobre un armazón de temas musicales muy interesantes y un libreto bastante trabajado, siguiendo la misma estructura que unos años antes usaron para su primera obra ” la Revolution Française”. En general el espectáculo tenía un interés relativo porque carecía de “algo” sin definir…una sensación de que el acabado era poco brillante y musicalmente la hilazón no era la más adecuada.Aquel espectáculo tuvo un espectador de excepción…un productor londinense de teatro con muy buen ojo llamado Cameron Mackintosh.

Mackintosh es bastante más que alguien que pone el dinero en un proyecto, es un auténtico halcón del éxito en el mejor sentido de la palabra y merecería figurar ente los autores de este musical porque en buena parte lo que es hoy lo consiguió su olfato y su trabajo. Convenció a Shonberg y a Boublil de que su espectáculo podía convertirse en un fenómeno mundial siempre y cuando lo pulieran lo suficiente desde el punto de vista de la partitura y la estructura…y lo hicieron…a partir de ahí se dieron una serie de circunstancias que conjuntadas consiguieron un milagro. La versión original estrenada en París se había hecho con la producción de la “Comedie Française”…que es de alguna forma el instituo nacional del teatro francés, una institución teatral de prestigio mundial y que ha formado a los mejores actores de ese país. Exportar algo parecido a Londres en un musical era bastante complicado, pero no imposible, y Mackintosh lo consiguió.

Que por el año 1985 la Royal Shakespeare Company prestara sus medios artísticos y buena parte de sus mejores actores a una producción del West End era como si la Orquesta Nacional de España grabara un disco de boleros con David Bisbal…por hacer un ejemplo gráfico…pero en aquellos momentos la institución atravesaba un crisis financiera gravísima que amenazaba su propia existencia y la posibilidad que brindaba “Les Miserables” se convertía en una oportunidad imposible de rechazar. La Royal Shakespeare se sumó a la producción y Trevor Nunn , uno de los mejores directores escénicos del mundo y director titular en esos momentos de la compañia ( que ya había dirigido musicales como “Cats”) se volvió a sumergir en ese mundo.

Resuelto el asunto artístico Mackintosh quería que la producción estrictamente tecnica fuera inimaginable…la historia de Victor Hugo ofrecía muchas dificultades en su argumento para ceñirla a un escenario y su intención era no solo no obviarlas sino resolverlas. “les Miserables” cambió la concepción escénica del teatro completamente; convirtió las inamovibles tablas hasta entonces en un mundo en el que podía suceder absolutamente todo mediante mecanismos complicadísimos que dispararon el presupuesto de la producción como nunca antes había sucedido, y el resultado fue que el público asistió en su estreno a una de las más brillantes puestas en escena de la historia de obra alguna…en la que aparecían…como si de una película se tratase…todo tipo de ambientes sin solución de continuidad, títulos explicativos, ciudades perfectas y ríos que se adueñaban del escenario…y todo en 200 metros cuadrados de escenario giratorio y de elementos intercambiables que se movían de manera mecánica.  La obra se estrenó en 1986 con Colm Wilkinson como protagonista y su éxito fue arrollador. En lo estrictamente musical los cambios fueron muy profundos y todo parecido con el espectáculo de París se ceñia la estructura central de la partitura y poco más…el libreto de Boublil había sido reescrito entre él mismo y Herbert Kretzmer en Inglés y la transformación había sido casi total , incluyendo un hilo argumental mucho más coherente y más entrelazado, una estructura operística que se desarrollaba en casi tres horas de espectáculo.

“Les Miserables” sufriría aún otra transformación en su estructura musical para ser estrenada en Broadway, con cambios en la Obertura y en algunos números, quedando ya definitivamente como se la conoce hoy. Pero el fenómeno era imparable…a su estreno en Estados Unidos siguió su “reestreno” en Francia…posiblemente el más preciado tesoro discográfico de quienes tengan la suerte de poseerlo…que volvió a contar con la Comedie Française y con los mejores actores de ese momento en el teatro Francés, como Robert Marien o un jovencísimo Jerome Pradon ( que después ha tenido una brillantísima carrera en el teatro musical londinense). La “joya” discográfica consiste en la posibilidad de escuchar el libreto francés original de Alain Boublil, que es muy superior al inglés y que destila una belleza exquisita.

A partir de ahí ya sabemos lo que sucedió…el musical mas representado en todo el jundo, el que más versiones en distintos idiomas ha tenido y que veinticinco años despues sigue llenado día a día los patios de butacas sin interrupción ( en Londres hay dos teatros simultaneamente a día de hoy…uno con la versión escénica original y otro con la nueva estrenada hace dos años)…y como nota adicional decir que para su representación extraordinaria con motivo del veinticinco aniversario ( y para la que se barajaron y ofrecieron primerisimos nombres de la escena operística a nivel mundial) se optó por Alfie Boe para representar a Valjean, que es uno de los cantantes con más proyección a nivel de bel canto hoy día, y que está ya considerado el mejor interprete que ha tenido el personaje en todo su periplo escénico.

Finalmente llega el estreno cinematográfico con nombres muy sorprendentes ( desde el punto de vista musical) como es Russel Crowe, y otros no tanto dado que su carrera musical en el teatro es incluso más extensa y anterior a su carrera cinematográfica…como es el caso de Hugh Jackman, que interpreta a Valjean. La producción es una de las más suntuosas de la historia del cine…y no podía ser de otra manera para contrarrestar la ausencia de los “efectos” escénicos que son casi protagonistas en la producción teatral y que en el cine son innecesarios…su adaptación musical promete ser una de las más interesantes de todos los tiempos, sin limitaciones tecnicas como pueda tener una orquesta en un teatro y con la épica que solo el cine puede ofrecer en ese campo al no tener que ceñirse a cuatro paredes. Estamos en cuenta atrás…

Williams vs Williams

Escribir sobre John Williams tiene muchos riesgos. El primero es no caer en el tópico habitual de recordar obviedades cuando se habla de un compositor que ha conseguido por encima de todo situar la música cinematográfica en todos los “hit parade”…mérito casi exclusivamente suyo. Otra obviedad es abundar en sus composiciones más mediaticas y pontificar sobre ellas, afirmando como hacían todos los que jamás habían escuchado otra música cinematográfica que la suya que era el “mejor compositor de todos”, cosa que solo por el hecho de pretender hacer comparaciones donde no se puede es simplemente absurda.

Williams, parafraseando a cierto cantautor, ya hace veinte años que hacía veinte años que era un grande en esto…y hace el mismo tiempo que lleva reivindicándose como mucho más que un cosechador de éxitos…porque lo es. Afirmar que es el mejor compositor de una música con tantísimos y distintos nombres ilustres es estúpido…pero no lo es en absoluto reconocer que su carrera musical es, por calidad sostenida, por abundancia, por coherencia y por éxito la más importante de la historia de la música cinematográfica…y eso no tiene discusión.

Su grandeza musical no es solo que sea un compositor capaz de encontrar la clave para cada trabajo que acomete…la clave es que además de eso es un sinfonista maravilloso, el mejor orquestador de su generación y uno de los directores  más eficaces y solventes que ha dado la música en los últimos cincuenta años. Ha sabido encajar como un guante en los gustos musicales de millones de personas…unas veces en unos y otras en otros, pero todos tenemos alguna melodía suya que nos ha cautivado o alguna grabación recurrente ( la mía es “Hook”…sería incapaz de pasar mucho tiempo sin volver a escucharla porque me produce una extraña alegría).

La cuestión es que, más allá de todas las obviedades, Williams…a quien muchos consideraron hace veinte añlos que con “Schindler´s List” su carrera había alcanzado su cima…resulta que ha pasado otros veinte demostrando que a veces las cimas son solo la mitad del camino…y el suyo no ha terminado. Para ser alguien a quien no le quedaba nada por demostrar lo ha hecho… y de qué manera. Nunca podrá librarse de la etiqueta de ser el compositor de películas taquilleras….algo que a veces parecería gustarle…porque los falsos “puristas” no parecen perdonarle ese éxito…pero es que repasar tan solo sus últimos diez años de carrera ( entre cincuenta) hace palidecer a cualquiera. Si la partitura de la Lista de Schindler no era suficiente para sacarse las etiquetas llegó “The Patriot” en el 2000 , una auténtica sinfonía de la Guerra Civil Americana…y si su incursión en el mundo de Harry Potter con tres trabajos exquisitos ( sobre todo “The Prisoner of Azkaban”) y su regreso a “Star Wars”…aquí firmando la más completa obra de las seis en “The Phantom Menace”, volvió a agitar esos fantasmas y clichés…apareció no hace aún dos años una obra colosal, un monumento a la música cinematográfica lleno de matices, de grandiosidad y de coherencia musical como fue “War Horse”…y si eso era poco casi sinsolución de continuidad nos llega ahora “Lincoln”, la última producción de Spielberg, en la que Williams ha demostrado, otra vez, que se mueve como pez en el agua en la representación épica.

“Lincoln” se sitúa en un término medio entre esas partituras brillantes y coloridas del Williams de “Star Wars” y esas otras emotivas e íntimas del de “Shindler´s List” o “Angela´s Ashes”. Su tema central va cargado de referencias sonoras evocadoras del momento histórico ( una historia alrededor de la Guerra Americana sin pífanos al viento no es una historia de la Guerra Civil Americana) y sorprende muchísmo la poca concesión a la grandiosidad y a la sonoridad estruendosa que se ha dado el compositor, cuando quizá era el camino más sencillo.

Si, después de cincuenta años de carrera, Williams sigue ilusionándose e ilusionando con su música; es evidente que hay mucho más que un compositor de éxito fácil…sobre todo porque ningún éxito es fácil.

Lo previsible

He tardado un poquito en escribir esta entrada porque quería cerciorarme bien de que la impresión era correcta. Me llegó hace unos días la flamante banda sonora de “Lo imposible”…la última película de Bayona…y que se ha convertido en un fenómeno de masas sin parangón; la escuché detenidamente y saqué ciertas conclusiones, que me hicieron volverla a escuchar de nuevo detenidamente ( sin haber visto la película…siempre procuro no haberlo hecho antes de la primera audición para que no me contamine las sensaciones musicales…y después ya la veo). La cuestión es si se trata de una banda sonora efectiva para su película…lo es. La cuestión además es si es una música agradable de escuchar…lo es. Pero la cuestión fundamental es si estamos ante una obra de consideración musical…ninguna.
La partitura de Fernando Velázquez,compositor que tiene en su haber algunas espléndidas obras como “el Orfanato” o “Los ojos de Julia” pretende ser el alimento musical de una película dramática al uso…y tiene todos los clichés musicales para serlo…tantos que aburre. Cada minuto es previsible…se puede uno adelantar a lo que va a ocurrir (musicalmente) con tal precisión que puede llegar a dudarse si ha sido compuesta por un músico o diseñada por un ordenador para cumplir fielmente la función encomendada. Es una música fácil…incluso pegadiza…y ya he señalado que agradable de escuchar…pero…no me aporta absolutamente nada. Todo está en su sitio…el violín en el momento justo, el piano con el volumen preciso y hasta el cello “llorón” en el momento adecuado. No me dice absolutamente nada que no me hayan explicado con clases magistrales cientos y cientos de partituras para cine ante que esta…y todas mucho más originales que esta. Así es la historia y así la hemos contado…no hay más.

Y cayó del cielo.

Sin duda uno de los acontecimientos musicales cada dos o tres años es el tema de la película de James Bond de turno, además de su score completo, pero desde el punto de vista mediático es evidentemente el tema principal el que desata las más vivas pasiones y comentarios. Después que en los últimos años se haya producido un tira y afloja constante entre el compositor de cabecera de la serie, David Arnold, y los productores sobre el estilo y los “cánones” que debian seguir los temas elegidos para los títulos…pelea en la que sin duda el tiempo ha ido dando la razón a Arnold frente a los criterios de la productora…en el caso de “Skyfall” y dado que Arnold por razones de agenda estaba imposibilitado para realizarlo ( era el encargado de la organización de todos los eventos musicales para los Juegos Olímpicos de Londres), Thomas Newman no mostró problemas en que la canción estuviera al márgen de su score y por tanto fue encargada a la cantante Adele y a Paul Epworth.

Si repasamos los últimos scores de la saga vemos que, en relación a los temas centrales , hay bastante disparidad de criterio y de calidad. Cuando se encargó a David Arnold componer la banda para “Tomorrow Never dies”(1998)…con la que inuguró su vinculacion a la serie…propuso un tema absolutamente arrollador interpretado por K.D.Lang, en los tipos clave de las composiciones que hicieron inolvidable a John Barry…orquesta poderosa, cuerdas finísimas y viento “huracanado”…el tema fue rechazado y relegado a los títulos finales con el título de “Surrender”; finalmente la canción de apertura se le encargó a la cantante Sheryl Crow y resultaba completamente fuera de juego respecto del resto del score siendo sin duda  uno de los menos recordados y, al menos hasta entonces, el que resultaba más flojo de la saga. El tema de Arnold se ha convertido en uno de los más aclamados de toda la serie sin ninguna duda.

Arnold vuelve a encargarse del score de “The Wolrd is not Enough” (2000) y en este caso si logra convencer a la productora con su tema principal, una canción espléndida a la que quizá solo cabe la crítica de la más que fría interpretación de Garbage…pero  la fusión de tema y score es realmente buena…triunfa de nuevo el “canon” habitual inventado por Barry ,con presencia constante de trompetas y cuerda.

Cuando llega “Die Another Day” (2003) la porducción vuelve a apostar por separar al compositor de la canción…tema que compone y “perpetra” Madonna; la canción puede que sea el fracaso más estrepitoso de toda la serie…en éxito…en ventas…en calidad…y en empaste con la música de la película.

La llegada de “Casino Royale” (2006) supone un reto interesante. Barbara Broccoli ha decidido reinventar y reiniciar al personaje desde cero ( una de las mejores decisiones que jamás ha tomado) porque evidentemente el agotamiento de la fórmula llevada hasta entonces y la paulatina desaparición de los actores clave en los personajes secundarios empiezan a pasar factura. David Arnold hace lo propio en el score de la película…toda una lección musical paralela al film…que, al igual que en la trama central, va construyendo poco a poco en cada tema la composición mítica  de Monty Norman para “Dr. No” hasta dejarla presentada en toda su plenitud al final. El reinicio del personaje es acompañado en todo momento por la construcción del tema de James Bond. En este caso era tanto o más importante la canción de títulos…que afortuadamente también es obra de David Arnold en colaboración con quien la interpretó, Chris Cornell. “You Know My Name” es a día de hoy quizá la mejor y más redonda de todas las composiciones de la saga, fiel al espíritu, potente de sonido, moderna de trazo y con el mismo ánimo didáctico del propio score…anunciar el tema de Norman en pequeños guiños realmente efectivos.

La producción de “Quantum of Solace” (2008) volvió a caer en el error de separar a Arnold de la canción principal…y el resultado fue tanto o más desastroso que el de Madonna. Jack White y Alicia Keys firmaron un tema insulso, sin ningún sentido, a veces incluso desagradable de escuchar y que tanto hubiera dado en esa película como en un disco de segunda…nadie lo recuerda a día de hoy.

“Skyfall” venía precedida de un “morbo”añadido…para empezar el hecho ya apuntado de que Arnold no encaraba el score y era Thomas Newman su compositor; curiosamente en este caso y aunque de nuevo se separa la composición de la banda sonora de la de su tema principal…con los riesgos que ya hemos visto en anteriores ocasiones…el resultado ha sido precisamente un tema que esta completamente clavado en los cimientos de los más clásicos de la saga. La canción tiene todos los componentes necesarios que los fanáticos del personaje piden…un ritmo que hubiera ppodido firmar el propio John Barry, una voz sublime como la de Adele y unos arreglos orquestales realmente sobrecogedores ( con los apuntes del tema de Norman que siempre se espera en ellos). Es francamente curioso como precisamente su factura es similar en estructura a aquel tema que fue rechazado para “Tomorrow Never dies”…y de hecho no apostaría contra la posibilidad de que David Arnold hubiera colaborado muy estrechamente en la construcción sonora de este. Es pronto para saber cual será su “posición” en esa especie de ranking establecido entre las distintas películas…pero creo firmemente que se va a situar muy arriba. Ahora solo falta comprobar su encaje en la película y en el score de Newman…que también se espera impacientemente.

En definitiva…ha vuelto y su nombre es Bond…James Bond.

…Y no fue (y II)

Un caso parecido al que se encontró Alex North con “2001” le sucedió a Jerry Goldsmith con “Legend”(1985) , aunque el resultado fue bien distinto al pasar de los años. Ridley Scott despues de hacer algunos pases previos de la película decidió que la composición de Goldsmith no parecía “gustar al público” y la productora sustituyó la que posiblemente sea la mejor obra del compositor por una “cosa” sin ningún sentido en manos de un grupo de cierto éxito por aquel entonces llamado Tangerine Dream; y de esa guisa se estrenó la película. Goldsmith por su cuenta y riesgo grabó y editó su composición completa, que se convirtió en un auténtico fenómeno de ventas y de crítica por su calidad, por su innovación y por ese especial tratamiento que el compositor daba a los instrumentos electrónicos sin menospreciar en un solo punto la base sinfónica. Con el paso de los años la productora hubo de rendirse a la evidencia y de nuevo sustituyó el espanto completo que aparecía oficialmente en la película por la composición original de Goldsmith, lo que supuso un reestreno triunfal y muy esperado.

No obstante también se han dado casos en los que escoger entre la primera opción y la definitiva no es nada fácil, y hay dos ejemplos paradigmáticos con un mismo protagonista. John Barry, que no necesita presentación alguna dado que fue durante su vida toda una referencia de calidad y buen gusto en la composición para cine, y de hecho había sido algunas veces verdugo de otros compositores en estos lances y  sustituyó la partitura original de Elmer Bernstein para “La Letra Escarlata” (“The Scarlet Letter”, 1995) fue victima de estas situaciones en dos ocasiones que resultan muy especiales tanto por la enorme calidad del trabajo que compuso en ambas, y que se rechazó, como por la innegable calidad que también tuvieron las definitivas partituras que acompañaron a las dos películas en cuestión.

Barbra Streisand desde un principio pensó en Barry para musicar su adaptación a cine de la novela “El Príncipe de las Mareas” (“The Prince of Tides”, 1991) y Barry compuso una “demo” exquisita que entroncaba perfectamente en el sentido del argumento y que estaba en el “tipo” de sus mejores partituras; Barbra Streisand finalmente encargó la banda sonora a James Newton-Howard porque “vivía más cerca de ella y no le apetecía viajar” El score que compuso Newton-Howard es por méritos propios una banda sonora de referencia y uno de sus mejores trabajos, eso no puede dudarse. John Barry finalmente grabó aquella “demo” magistral con el título de “Moviola” y la incluyó en una recopilación discográfica en 1995…y ese mismo año finalmente depurada y ampliada se convirtió en el tema central de la película “Across the Sea of Time”.

No obstante, a veces el capricho del destino o simplemente el sentido común, hacen que una gran partitura no pueda acompañar a una película. La música de cine ya sbemos que es funcional, y de nada sirve si no cumple su función. Robert Redford encaró la producción de “The Horse Whisperer” y, al igual que la Streisand, su elección indudable era Barry. La música que el compositor escribe para la banda sonora era de una belleza y una factura que entusiasman a Redford de inmediato. John Barry compone un total de seis temas riquísimos y parecía ir camino de su mejor obra para el cine…pero…cuando se inicia la fase de montaje de la película aquella música maravillosa no tiene el ritmo que la imagen estaba pidiendo. Tanto compositor como director hicieron concesiones de todo tipo para intentar cuadrar lo que, para que negarlo, no habia forma. Barry había compuesto temas magníficos y Redford habia rodado una soberbia película…pero eran como el agua y el aceite juntas.

“The Horse Whisperer” finalmente fue musicada por Thomas Newman, ya comenté en una entrada anterior al respecto, y es una banda sonora magistral , a mi personalmente me parece lo mejor que ha compuesto Newman nunca…Y John Barry editó en un trabajo discográfico todos los temas que habían quedado escritos, como una banda sonora de una película inexistente, y en 1998 vio la luz “The Beyondness Of Things”; esta grabación es a dia de hoy la obra maestra de Barry, en una paradoja de la vida, dado que uno de los mejores músicos para cine de todos los tiempos alcanzó su cima como compositor en una obra que no acompaña película alguna…ni falta que le hace.

De lo que pudo haber sido…(I)

En la trastienda de las producciones cinematográficas y en su proceso  hay curiosidades que muchas veces no trascienden pero que son tanto o más interesantes que las propias películas en sí. Entre esas curiosidades figura la gran cantidad de partituras compuestas o ideadas para una determinada película que nunca llegaron a ver la luz, bien por discrepancias contractuales entre las partes, en cuyo caso ni siquiera fueron plasmadas en un papel y evidentemente nunca sabremos qué nos perdimos, o bien por discrepancias “artísticas” que muchas veces acababan con autentica joyas musicales guardadas en un cajón una vez compuestas. En todo ese entramado también se han alimentado leyendas absurdas o incluso atribuido a algunos directores de cine preferencias musicales que , en honor a la verdad, eran más fruto de la prisa que de la genialidad, por haber tenido que montar un score completamente distinto del original en un tiempo record. Voy a repasar una serie de ejemplos, quizá los más representativos por muchas razones pero sobre todo por la notoriedad de sus protagonistas, y en algunos casos también por las situaciones que se crearon en torno a las producciones implicadas. Todos son casos “contrastables”, o lo que es lo mismo, en todos ellos las bandas sonoras que pudieron ser y que finalmente no fueron son accesibles bien porque sus autores las grabaron posteriormente con el mismo título o bien porque fueron aprovechadas en alguna otra producción y  por tanto podemos jugar a la comparación, que en este caso no necesariamente es odiosa pero a veces si que muy difícil.

Satanley Kubrick era en muchos aspectos un genio, pero también un personaje sumamente difícil de tratar y en relación a sus decisiones artísticas ( si se ha visto la primera versión doblada al español de “El Resplandor”, que dirigió el propio Kubrick, todos sabemos de lo que estoy hablando) y la música de sus películas podemos decir que la usaba con un cierto desdén. Si uno repasa su filmografía encontrará que la música llamada clásica predomina en casi toda su obra, por una única razón…los músicos muertos no protestan si se maltratan sus obras, y Kubrick era un auténtico “killer” en ese cometido. Cualquiera que haya visto “Spartacus”, soberbia película donde las haya, habrá podido oir la magnífica banda sonora que le compuso Alex North…o casi…porque fue tal el destrozo que Kubrick hizo en el montaje final con ella que salvo que uno disponga de la grabación discográfica dificilmente podrá apreciarla ( y lo merece)…pero lo peor estaba por venir.  Alex North volvió a repetir experiencia con Stanley Kubrick cuando el director le encarga el score para “2001: A Space Odissey”, y North compone una extraordinaria partitura que cuando se estrena la película y sin previo aviso no es que ha sido recortada, simplemente ha desaparecido por completo y sustituida por los cortes clásicos que todos conocemos. Es fácil imaginar que el enfado de Alex North , que ni tan siquiera fue avisado por Kubrick y se enteró en la propia sala el día del estreno, tendría mucho que ver en que en lo sucesivo Kubrick tuviera verdaderas dificultades para encontrar músicos dispuestos a semejantes “detalles”…el resto ya es historia. La composición de Alex North fue grabada años después por su amigo Jerry Goldsmith en su totalidad y es sencillamente una maravilla…sin más que añadir.

Otro caso parecido, aunque por distintas razones, lo sufrió Elmer Bernstein a manos de Martin Scorsese. Scorsese le encargó la partitura para “Gangs of New York”, película pensada con una duración de casi cuatro horas…y Bernstein puso música a cada minuto de esas cuatro horas con absoluta maestría. La película, por necesidades de producción, vio reducida casi a la mitad su duración final y el score de Bernstein quedó completamente inservible, por lo que Scorsese encargó una banda sonora de circunstancias a Howard Shore ( y a tenor del resultado debío ser muy de circunstancias porque es posiblemente el peor trabajo que se recuerda de Shore) que es la que finalmente  se “perpetró ” en el montaje final de la película. Elmer Bernstein grabó su partitura con el mismo nombre que la película y la editó junto a otros trabajos que habían sufrido similar suerte, y no admite comparación alguna en la que Shore pueda salir bien parado.